Siempre hay algo que te puede hacer feliz. Un libro, una canción, una persona, una foto, un peluche o una simple conversación.
Siempre tenemos ese algo que con solo verlo, olerlo o sentirlo ya saca una sonrisa.
En mi caso es una foto que tengo justo al lado de cama, una foto con mis abuelos, como no. Esa foto fue sacada cuando celebraron sus bodas de oro. Ese día yo tenía que ir a un taller antes de ir a la misa, ibamos a hacer el típico frasco con sal pintada con tizas dentro.
Yo llegué al taller y le dije a la monitora que me tenía que ir antes porque tenía que ir a la misa y que por esa razón iba vestida con ese vestido y ese peinado. Ella obligó a todas las demás personas a que antes de ponerse a hacer su frasco pintaran la sal para el mio y así yo poder irme con él hecho.
Cuando nos reunimos toda la familia mi madre me llamó y me dijo que fuera con ella a la sacristía y ella y el cura me dijeron que ya que era la pequeña de los 5 nietos que leyera en la misa, y yo acepté porque sabía que eso le iba a gustar a mis abuelos.
Cuando entamos todos a la iglesia yo pregunté donde me tenía que sentar, y enseguida vino mi abuela a decirme que yo me sentara a su lado, creo que eso fue lo que me hizo más feliz.
Cuando había pasado un rato de la misa, a la mitad aproximadamente subí a leer y mi abuela lloró, no porque lo que leí fuera emocionante ni nada, si no porque ella sabía lo mal que lo pasaba yo cuando tenía que leer en público, aunque fuera en frente de mi familia solo, ella sabía el esfuerzo que yo había hecho solo para hacerles felices a ellos.
Cuando bajé otra vez a mi sitio mi abuela me dio un abrazo que no olvidaré en la vida, y me dio las gracias más sinceras que nunca me han dado.
Después de la misa fuimos a comer a un restaurante de mi pueblo, y yo volví a preguntar donde me tenía que sentar, y otra vez mi abuela me dijo que a su lado, que me quería bien cerca.
La comida pasó muy tranquila, yo hablaba con mi abuela y les hacía caras a mis hermanas cuando ellas no miraban.
Después supe que mis abuelos iban a repartir unos regalos a los invitados, un puro a los hombres y una rosa a las mujeres. Mi abuelo iba a repartir los puros y mi abuela las rosas, y ella me dijo que la encantaría que la ayudara, y yo así lo hice.
Este recuerdo de ellos tan felices y de siempre intentando hacerme a mi lo más feliz que pudieran es lo que me mantiene viva ahora, lo que hace que no haga cualquier tonteria, recuerdo sus sonrisas cuando entraba por la puerta de su casa, su "lo que tú quieras" cuando les llamaba y les preguntaba que había para comer en su casa para escaparme de la mia, las tardes andando en bici con mi abuelo, las mañanas en la piscina con mi abuela, en las que nos pasabamos la mañana haciendo carreras y ella me dejaba ganar.
Os echo mucho de menos.
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